
Me quedé de golpe con las manos vacías, en medio de un hall que recibía turistas de reluciente sonrisa, en busca de emoción.
Yo había perdido todas las emociones en la kermesse de los afectos.Un solo disparo que había ido directo al corazón y me había dejado sin premio consuelo.
Estaba sola, con mis lágrimas y una sensación de derrota que se aferraba a mis tobillos y me obligaba a quedarme inerte, de pie donde estaba.
Quería un abrazo que nadie podía darme, una explicación que no podía encontrar y un bálsamo para mi pena que se agigantaba.
Como pude llegué a mi habitación, y sin encender la luz me recosté sobre la cama, inventando ese abrazo que pudiera contenerme.
No podía dejar de repasar las palabras de Octavio.
¿A dónde había ido a parar el amor?
¿En que curva del camino lo habíamos perdido?
¿Cómo no me había dado cuenta a tiempo que todo tiene un límite, hasta el mismo Octavio?
Tenía sus motivos y yo los conocía.Había tirado de la soga pensando que resistiría el peso de mi abandono esporádico, de mi indecisión, de mi inmadurez, pero la soga se había cortado en el preciso instante en que yo iba a soltarla.
De pronto todo perdía sentido.Mi apuesta a lo nuevo, mi certeza tardía de que a su lado estaba mi felicidad, mi estúpida convicción de que Octavio era el hombre para mi.
La soledad me invadía de una forma extraña,con un dolor novedoso que me cegaba y que me impedía decidir el próximo paso.
Ya no había tablero dónde moverme, ni fichas para jugar.Sólo estaba la necesidad de Octavio, su pedido, su adiós, que se convertía en un cruel verdugo ofreciéndome su castigo.
Nada. No había nada más allá de intentar un absurdo olvido...
Necesité el oído de una amiga, de esas que callan para que se oiga sólo nuestro llanto.La única era Clara.
Marqué el número de su celular, que sonaba en algún lugar de Buenos Aires.
- Hola
- Hola Clara, soy yo- dije apenas atendió.
- Hola Miru, que voz tenés.¿Pasó algo? - preguntó
- Necesito que vengas, te pago el pasaje con la tarjeta- respondí
- Miru, pará...¿qué pasó?Contame.
- Octavio me dejó, se cansó de mi, de Manuel, de esperarme....justo cuando pude ponerle fin a mi matrimonio.Estoy mal, te necesito- dije sin pausa.
-Pero volvé vos, acá estamos los que te queremos, dale- dijo con voz calma.
- No puedo...no sé adónde ir, ni con quien...está Manuel, no quiero verlo.No quiero nada.
-Mir, sabés que no puedo ir, están a punto de ascenderme en el laburo y además,bueno, es que tengo que contarte algo,pero no viene al caso- agregó.
- Contame. Me había olvidado lo de tu trabajo, perdoname-dije intentando sonar menos egoísta.
- Nada, es que empecé una relación con alguien- dijo feliz
- Ah, ¡me alegro tanto! Entiendo, entiendo, no te preocupes.Igual prefiero quedarme, lejos, para poder pensar. Pero decime quién es.¿Lo conozco?- pregunté
- Si, lo conocés. Estoy saliendo con
El Tano- dijo
- ¿El Tano? ¿El amigo de Octavio?- pregunté sin querer escuchar la respuesta.
- Si, con él- dijo Clara.
Y ahí supe que estaría condenada a enterarme de la vida de Octavio, aunque pusiera toda mi voluntad para querer olvidarlo.