domingo, 12 de julio de 2009

La nota



Rafael estaba del otro lado de la ventana.

Sentí un temblor en las piernas y un grito que se quedaba atrapado en mi garganta. No debía gritar, no podía mostrarme temerosa frente a él.

Tratando de no perderlo de vista, marqué el número de Lucía.
Apagado.
Maldije en mi interior mientras intentaba una vez más con iguales resultados.

Rafael se paseaba por la vereda sin que la lluvia le molestara. Esa imagen me atemorizó un poco más cuando razoné que sólo una mente realmente enferma podía no inquietarse debajo de ese diluvio y permanecer horas allí, inmune a la tormenta.

Marqué entonces el teléfono de Gerardo, pero me atendió su secretaria, quien me confirmó lo que pensaba: estaba en una reunión y por eso había derivado la llamada. Tomó nota de mi mensaje con la promesa de transmitírselo apenas lo viera.

De nada servía llamar a Buenos Aires y cuando pensé en discar el 911 me sentí ridícula.
¿Qué les diría? ¿Qué alguien me llamaba a todos los teléfonos para después cortar? ¿Qué alguien merodeaba por la vereda bajo la lluvia?
Y si acaso vinieran, ¿no sonaría absurdo que se enteraran que él y yo eramos compañeros de trabajo?

Descarté la idea, dando vueltas en círculo por las baldosas impregnadas de café.
Cuando levanté la mirada, Rafael ya no estaba.
El ángulo de mi visión me daba acceso al frente, a la vereda, los árboles y el comienzo de la casa lindera. No se lo veía.

La respiración se hacía más lenta, y volvía a sentir mis piernas menos débiles.
Retrocedí hasta poder apoyarme junto a la pared de la cocina. Encendí un cigarrillo y largué el humo sin pensar en otra cosa más que en la paz que me daba no tenerlo cerca.

Las imágenes se cruzaban en mi retina como una proyección de diapositivas de un pasado cercano. Mi encuentro ¿casual? con Rafael en la puerta del teatro, el relato de una vida díficil, sus ojos que ocultaban algo que prefería callar, su pedido de dinero, su tiempo invertido en seguirme como si no tuviera nada más importante que hacer, sus palabras de amor tan enfermizas como él.

Fumé enroscada en respuestas que intentaban darle sentido a su comportamiento. Conjeturas inciertas, culpas equivocadas.

De pronto, la aparente calma se vio interrumpida por el sonido de algo que se deslizaba sobre el piso.
Un trozo de papel rayado, escrito en tinta negra y apenas legible por culpa de las gotas, se asomaba por debajo de la puerta principal.
Era una nota de Rafael que decía:

Puedo sentirte del otro lado de la puerta,
como te siento siempre aunque no pueda verte.
Sigo esperando que aceptes nuestro amor y no
voy a detenerme hasta que lo asumas.

Tuyo siempre,
Yo



Una mezcla de miedo y rabia me subió hasta el cuello. Mis puños apretados hubieran querido dejar una marca sobre su rostro de modelo codiciado. Tenía ganas de escupirle crueldades, tratarlo de insano y desagradable, pero me contuve.

Busqué en mi registro mental un nombre, alguien que pudiera atenderme y darme un poco de seguridad.
El nombre de Laurie apareció de la nada, como un salvavidas en pleno naufragio.
Pero ese llamado, lejos de rescatarme, me hundiría aún más.

14 comentarios:

Miranda dijo...

Y falta...


¡Buen domingo para todos!

besos.

Circe dijo...

Qué intriga!!! idem xa vos!!

viviendoconelenemigo dijo...

Es que Rafa es un romántico incomprendido...

Pasame su teléfono, decile que yo lo amo :P

Besos,
Sol.

La impuntual... dijo...

Me despisté!
Quién era Laurie?

Ashi dijo...

Ay qué mala onda este tipo! Pero son así, no pueden creer que todas las cosas teóricamente románticas que hacen no te quiten el aliento por ellos.

Pensar que por una caída de ojos del que nos gusta nos desmayamos, pero cuando el que lo hace nos es indiferente...

Lucre dijo...

El director de la obra... no?

Que enfermito este hdp... y vos que paciencia nena!!!

Mia dijo...

no me digas que rafael no trabaja en el obra de teatro??!!
Me intriga saber que pasó!
Besos!!

Anavril dijo...

Eas situaciones con acechadores me ponen de la cabezaaaaa...

Noelia dijo...

No pero que hdp, esta re mal de la cabeza, y vos que paciencia.Yo llamoa la policia que piensen lo que quieran pero en ese momento que miedoooo!!!!

Shu dijo...

MIEDO!!!!!
yo salgo sacada a la vereda, lo busco, lo encuentro, y le arranco los ojos.

Que chabon enfermo x dios!!!!

Bueno, y como sigue?
Y que te dijo Laurie!?!?!?!?!?!

Selma dijo...

No puedo creer, que encima de todo perdes el laburo en la obra teatral,y por culpa del enfermo este, me muero muerta; si es asi. Te dejo mis besotes eternos y nos estamos leyendo o comentando en los blogs.

Nana Banana dijo...

Que nos vas a decir? Que Rafael era el sobrino de Laurie?
Bueno pero despues de eso ya Rafa no me da mas miedo, esta loco pero no es demente!
Besos Miranda!

Pluma de fuego dijo...

O.o wow!! muy buen relato, me encantó.
Saludos

Ashi dijo...

Ejem! No es que quiera presionarte pero tené en cuenta que esta nena ya lleva su tercer semana enclaustrada por prevención sanitaria y está un poco pesadita...¿¿Cómo sigue la cosa??