martes, 15 de septiembre de 2009

Caído del cielo



Me quedé inmóvil, sosteniendo la carta con una mano y las fotos en la otra, mientras Javier hablaba.

- Pero este tipo está enfermo.

- Bueno, supongo que tiene una forma extraña de demostrar lo que siente por mí - contesté.

- No, no, esto no es amor, Miranda. Tal vez pudo haberlo sido, pero creo que un hombre que intenta negociar que vuelvas a su lado usando este tipo de herramientas es un pobre tipo al que yo no le temería - agregó.

- Es que ya no le temo, es sólo una cuestión de amor propio lo que está en juego acá. Es difícil que lo entiendas pero Manuel sabe que no es de dinero que estamos hablando. Cuando tuve que quedarme en Nueva York sin un centavo lo hice y acá estoy... hay algo más en todo esto.

- No entiendo entonces. ¿Qué más pretende? - preguntó con curiosidad.

- Me está desafiando, sabe que puedo ser muy astuta si me lo propongo y quiere que me enrede en su juego.

- ¿Y que vas a hacer?

- Demostrarle que no se equivocó al creerme capaz.

- Explicame, amor, porque me está faltando un capítulo para entenderte.

- Yo tengo pruebas de que él fue infiel mucho antes que yo, así que dificilmente pueda ganar un juicio por adulterio como dice.

- ¿Dónde las tenés? - preguntó Javier.

- En Buenos Aires.

- ¿Y pensás volver?

- Depende.

- ¿De?

- De como siga la historia. Si Manuel hace otra movida voy a tener que volver. Por ahora sólo me queda esperar.

- Bueno, contás con mi apoyo, decidas lo que decidas.


Guardé todo en el sobre y lo arrojé a un costado de la cama mientras Javier terminaba de preparar el desayuno. Me recosté sobre la almohada con la mirada fija en una grieta del techo a la que apuntaba directamente el único rayo de sol entrante.
Sentí una extraña sensación de calma, inusual para el momento. Sabía que tenía suficientes pruebas para enfrentar a Manuel y ganar la pulseada, lo que en el fondo no entendía era por qué motivo me involucraba en el desafío cuando hubiera sido más fácil ver derribada mi autoestima a cambio de mi libertad. Definitivamente, mi orgullo no se negociaba.

Javier venía hacia la cama cargando una bandeja con dos tazas de café y tostadas cuando escuché el sonido de mi celular. Se detuvo a esperar de pie, atento a mi reacción, mientras yo corría el cierre de mi cartera en busca del teléfono.
Su rostro recobró la calma, junto con el mío, cuando del otro lado de la línea una voz familiar se ocupó de extinguir el fantasma de Manuel .

El llamado de Clara era un regalo del cielo.

6 comentarios:

Miranda dijo...

Ya dejo escrita la continuación...así no se enojan ;)

besossssssssss

Mir.

Circe dijo...

AH! menos mal!! ja ja!!! quiero mássssssssssssssss!!!!

Anónimo dijo...

Amé a Javier!!! el tipo te acompaña, te apoya y sobre todo no te cuestiona, es un sol!!!
que dijo Clara?? noticias de BA?

Anónimo dijo...

fui yo... me olvide de firmar

Estefi

La impuntual... dijo...

Falsa alarma! La petit rubia no está embarazada!!! y sí... sino todo sigue divino y las cosas tienen que complicarse, Octavio vuelve a tu vida para hacértela más complicada.
Bss!

yo, mamuchi dijo...

No esta mal querer seguir luchado, pero hay veces que las batallas no son tan necesarias y desgastan (es una opinion personal). Mir hace lo que tu corazon y tu razon digan (esta vez las dos tiene que ir de la mano porque si decidis continuar se puede poner duro).
BEsos