
Mientras meditaba, regresó Lucía cargando bolsas del supermercado.
- Pensé que te habías vuelto a dormir - dijo - ¿qué quería Clara?
- Avisarme que la había llamado Manuel pidiendo el teléfono de acá - contesté
Le conté todo lo que había pasado, y se sintió culpable por haber salido de compras sin avisarme.
- Te compenso el mal momento invitándote con un paseo y un cafecito rico por ahí - me dijo.
- Dale, vamos.
Subí a cambiarme la remera y a ponerme un par de zapatillas. Mientras me ataba los cordones volvió la imagen de Manuel a mi mente. Se me aparecía ahora como una tarea pendiente, como cuando uno sabe que ese día no puede pasar sin pagar la luz o sin comprar café para el desayuno.
Lo sentía más como un compromiso moral que otra cosa, pero así y todo me molestaba.
Bajé las escaleras, y salimos, de paseo por New York.
Regresamos casi a las seis de la tarde, cansadas de tanto caminar y apenas mojadas por la reciente lluvia que nos había sorprendido a pocos metros de llegar.
Subí a darme una ducha, mientras Lucía acomodaba las compras del supermercado que habían quedado sobre la mesada desde el mediodía.
Envuelta en el vapor del agua caliente, lo que antes era un compromiso, ahora se convertía en una deuda. Sentía que le debía a Manuel ese llamado. Que su disculpa había sido un cheque en blanco que yo tenía que reintegrar de alguna forma. Al menos, pensaba, debía decir si lo aceptaba o no, pero no podía dejar que un silencio y kilómetros de distancia hablaran por mí.
Me anudé una toalla al pecho, y crucé a la habitación de Lucía, dejando una pequeña estela de mínimas gotas en el pasillo. Tomé el teléfono de al lado de su cama y me encerré en mi dormitorio.
Marqué el número de su celular.
- Hola.
- Manuel, soy yo.
- ¿Miranda? - preguntó sorprendido
- Sí, soy yo. Te llamo porque me quedé pensando en lo que hablamos hoy. Creo que no estuve bien en hablarte así, y te pido disculpas.
- Comprendo - dijo
- Me preocupa, y por eso te llamo. Quería saber si era cierto que habías cambiado, o que por lo menos había una voluntad de cambio concreta de tu parte. Tal vez yo soy injusta si no te doy una oportunidad de demostrármelo, no sé... me es difícil decirte esto, después de haber dicho que quería terminar con lo nuestro, pero a su vez, siento que tengo que hacerlo, que necesito decirte algunas cosas, o al menos escucharte a vos, que me repitas lo de hoy a la mañana y confirmar que esás volviendo a ser el que yo conocí. ¿Entendés?
- Entiendo, ajá - se limitó a decir.
- Manuel, ¿podrías decirme algo un poco menos escueto? - pregunté - Te estoy llamando para ver si vale la pena salvar nuestro matrimonio y vos me decís "comprendo, entiendo", como si fueras policía del destacamento.Te pido que me digas otra cosa, algo que me aclare el panorama, que me confirme si hubo una reflexión de tu parte, una autocrítica, no sé, algo.
- No puedo hablar ahora.Tengo que cortar - dijo
- ¡Esperá! - grité - Decime solamente si tengo que creerte lo que me dijiste hoy a la mañana totalmente borracho como estabas.
- No, mejor olvidate de ese llamado.
Antes de que cortara, en esos segundos antes del silencio que indican el final de la llamada, pude escuchar con claridad, la voz de una mujer.