
sábado, 12 de diciembre de 2009
Feliz rutina

jueves, 3 de septiembre de 2009
In Fraganti

martes, 25 de agosto de 2009
En movimiento

domingo, 23 de agosto de 2009
Pies al cielo

viernes, 21 de agosto de 2009
¡Click!

miércoles, 19 de agosto de 2009
Detrás de la actriz

martes, 4 de agosto de 2009
La mala hora

miércoles, 29 de julio de 2009
Flores en agua

lunes, 27 de julio de 2009
El estreno

viernes, 24 de julio de 2009
Ensayo final

martes, 21 de julio de 2009
El Reportaje

sábado, 18 de julio de 2009
Alegría por tres

viernes, 17 de julio de 2009
Nuevas dudas

martes, 14 de julio de 2009
Desafortunada llamada

sábado, 27 de junio de 2009
Instrucciones para cantar

Entre los mails con Octavio, la vida en New York continuaba a un ritmo desconocido, marcado por un nuevo desafío.
Llegué al departamento de Cecil, la profesora de canto, a la hora que habíamos quedado.
Era una mujer de unos cincuenta años, de pocas palabras pero mucha técnica. Tal como me había contado la esposa de Laurie.
Me pidió que le mostrara el libreto para hacer foco en aquello que me tocaba cantar. Sus instrucciones fueron concretas, todo pasaba por la relajación, la postura, y el uso del diafragma, cosa que sonaba fácil en la teoría. La práctica no fue tan sencilla y se nos fue la clase entre respiraciones profundas y columnas de aire.
La esperanza de que la próxima clase fuera un poco más atractiva era lo único que me motivaba al saludarla.
Estaba llegando a la puerta de salida del edificio, cuando reconocí el cuerpo de Rafael, recostado sobre la pared, del otro lado del vidrio.
Instintivamente miré hacia ambos lados, buscando un vía de escape, una salida de emergencia ante incendios o catástrofes. No distinguí más que un matafuegos y una escalera que me devolvía al departamento de Cecil. Supuse que no era mala la idea. Desde ahí podía llamar a Lucía y decirle que viniera a buscarme, lo que sería mucho más conveniente que exponerme a un nuevo encuentro con él.
Mientras dudaba, una mujer con dos hijos ingresó al edificio, provocando con sus retos que Rafael se diera vuelta y me viera, de pie en medio del pasillo, con cara de fugitiva.
Traté de disimular, aunque hubiera preferido mostrar mi fastidio de manera genuina.
Me saludó con la mano en alto y una enorme sonrisa a través del vidrio. Yo no hice ningún ademán que denotara alegría por verlo.
Salí y se acercó a saludarme con un beso y un abrazo de esos que abundan en los aeropuertos.
Hacía apenas unas horas que me había visto y se comportaba como si nos hubieran separado meses de ausencia.
Sin intentar parecer educada, lo primero que hice cuando logré desprenderme de su abrazo, fue preguntarle por la plata.
- ¿Me trajiste los veinte dólares?
Se quedó mirándome como si yo fuera inoportuna, y me respondió.
- ¿Tenía que dártelos hoy?
Quise interpretar el sentido de sus palabras, pero sin encontrárselos y apurada por saber el desenlace, le dije:
- No sé, ¿vos cuándo pensabas devolvérmelos?
- Uno de estos días. Creí que una persona como vos no tendría tanta urgencia en recuperar el equivalente a una propina...
Quise encontrarle un justificativo, un atenuante.
Revolví en mi cabeza buscando un motivo para entenderlo, pero fue inútil.
Las ganas de decirle en la cara que era un desubicado me recorrían todo el cuerpo y descubrí que a esa altura ya no quería callarme.
Cuando abrí la boca para insultarlo y dejarle bien en claro como eran las cosas, me quedé descolocada frente al sonido de su voz, que esta vez me interrumpía con una frase muchísimo peor...
domingo, 7 de junio de 2009
Pequeño intruso
Brindamos varias veces por el posible éxito del musical y nuestro camino en la actuación.Ibamos por el tercer trago cuando quiso saber algo sobre mí.
Hizo preguntas básicas: mi estado civil, mi origen, mi edad, como si el resto no importara. Incluso el hecho de que pronunciara la palabra "casada" no lo invitó a ahondar sobre el asunto y se limitó a beber y a formular una nueva pregunta.
Rafael era extrañamente encantador.Sus atributos físicos estaban a la vista.
El resto, lo que hablaba y lo que callaba, lo convertía en una mezcla explosiva, en un ser ingenuo y adorable envuelto en un halo de misterio que invitaba a cualquier mortal a querer correr el velo de la incertidumbre para develar la incógnita. Yo era uno de esos mortales. Lo miraba entre seducida y pensante, tratando de imaginar la realidad de su vida.
Cuando se fue haciendo la hora de la cena, le dije que tenía que irme, que me esperaban para comer. Gentilmente se ofreció a acompañarme.
Tomamos un taxi hasta la casa de Lucía y Gerardo. Pensé que Rafael continuaría el recorrido hasta su casa, pero bajó del auto conmigo.Supuse que su caballerosidad lo obligaba a hacerlo, y sonreí pensando lo afortunada que era al encontrar siempre hombres de esa categoría.
Caminamos hasta la puerta.
- La pasé muy bien - dije, dejando entrever mi intención de despedirlo.
-Yo también- dijo él- ¿Acá vivís?
- Sí. Es la casa de un matrimonio amigo.
- Ah, un matrimonio. ¿Vas a cenar con ellos?-preguntó
- Si, claro.
- ¿Puedo conocerlos?
-¿Ahora? - dudé al preguntar- ¿Querés verlos ahora?
-Si. ¿Dije algo malo?- preguntó con su cara de inocencia habitual
-No, no, nada malo. Esperá.
Me sentía tonta y a la vez desubicada ante su pregunta.
Nada había de malo en que se los presentara, sólo que ya me parecía suficiente el tiempo compartido entre nosotros y necesitaba respirar un poco de libertad. Sentía que Rafael estaba metiendo su naríz en mis cosas, y no quería. Me había esperado el tiempo que había durado mi audición, me había invitado a tomar algo, me acompañaba hasta la puerta de mi casa y ahora quería conocer a Lucía y Gerardo. Era demasiado.
"Tal vez me volví arisca", pensé fugazmente.
Quizás no había nada de malo en la actitud de Rafael y cualquier otra hubiera muerto por estar en mi lugar.Era un tipo lindo, muy lindo, caballero, seductor, que mostraba interés en mi.Definitivamente, mi mala experiencia reciente con los hombres me había vuelto susceptible ante ciertas actitudes, pero él no tenía la culpa.Yo estaba comportándome como una idiota.
No era momento de explicarle todo eso, así que me callé y abrí la puerta.
Ingresé al hall llamando a Lucía, como queriendo advertirle que no estaba sola.
Detrás de mí, venía Rafael, quién rápidamente había cerrado la puerta a sus espaldas y hasta había encendido un cigarrillo.
viernes, 5 de junio de 2009
Inocencia

- Qué bonito nombre -dijo - pero no contestaste a mi pregunta.
- Ah, si, si, quedé seleccionada, aunque tengo que tomar clases de canto urgente porque soy pésima. Se ve que me eligieron por esa vocación suicida que tengo o porque les di pena - reí y él rió más fuerte.
- Eres graciosa- agregó- Te mereces que te invite a tomar algo para festejar.
- ¿Por lo graciosa que soy? Eso me parece una excusa barata - dije
- No, claro, por que ambos quedamos seleccionados.
- Claro, eso dejaría de ser excusa para convertirse en un motivo concreto,¿no?
- Así es, y si no fuera ese, buscaría otro- volvió a sonreír mientras lo decía.
- Bueno, parece que no tengo alternativa, además de que tampoco tengo demasiadas ocupaciones en mi agenda - dije, mientras comenzaba a moverme en dirección a la esquina.
-Genial, conozco un lugar acá cerca que va a gustarte.
Fuimos a Bar on A, un lugar bastante tranquilo, con buena música. Yo pedí cerveza y Rafael un gin & tonic.
Lo primero que le pregunté fue de dónde era, porque si bien hablaba en español su acento no era argentino. Resultó ser de Venezuela, pero radicado desde hacía un largo tiempo en los Estados Unidos. Un nómade típico, buscador de emociones o desilusionado tratando recobrar la esperanza perdida, como tantos otros.
Vivía solo, en un pequeñísimo departamento.
Sus padres seguían en Venezuela, al igual que su única hermana menor.
No había querido regresar, y tampoco quiso entrar en detalles cuando le pregunté por qué se había ido.
Había recorrido muchas ciudades, hasta llegar a Nueva York, hacía catorce meses, y se había ganado la vida siempre como actor.Eso incluía haber pasado hambre y haber dormido en una plaza abrazando su bolso pensando en que el ruido de su estómago lo dejara conciliar el sueño.
Así resumía su vida, mientras pedíamos tragos de repuesto.
Algo decían sus ojos, y no era precisamente lo que transmitía su inocente sonrisa.
Había algo más, que él callaba y que yo no alcanzaba a descifrar.
Pero no podía imaginar qué sería.
jueves, 4 de junio de 2009
Tarde de sonrisas

- Bueno - continuó Laurie- la idea de la canción era que no supieras y que actuaras bajo presión. Lo cierto es que es un musical y que tu voz no es buena,tenemos que admitirlo.
- Lo sé, Laurie, soy pésima, sólo puse voluntad- sonreí, era lo único que podía hacer.
- También es cierto que vimos un gran potencial como actriz , y que si bien no podemos darte un papel de los protagónicos, por el tema de tu voz, vamos a darte uno secundario, y ya mismo te vas a ver a Carol B. de parte mía. Ella te dará alguna clases de canto, como para defenderte al menos, aunque nunca te tocará cantar sola.
- ¡Eso es genial! - dije casi gritando, sin poder contener la emoción.
- Me alegra que estés contenta- agregó- Ahora mi secretaria te comunicará con mi mujer para que se ocupe de tu contrato, ella tiene amigos en la embajada y te conseguirá enseguida la green card para que no tengas problema acá. Son bastante estrictos con el papelerío.
- Gracias, Laurie. De verdad, gracias. Necesitaba esto en mi vida.
- Bueno, para agradecerme podrías invitarme nuevamente con una rica cena casera- bromeó
- Cuando quieras, será un placer- dije sin dejar de sonreír
- Ahora Tony- dijo señalando a otro asistente- te va a dar el guión para que le vayas dando un vistazo.Los ensayos empiezan el lunes próximo a las once de la mañana.
- Perfecto. ¿Ya puedo irme? - pregunté
- Ya mismo, Miranda, derecho a ver a Carol- rió- Y no te dejes estar con el trámite de la green card. Decile a mi asistente que te comunique con mi mujer, que la llame ahora al celular.
- Gracias, Laurie, le digo.
Me despedí, después de saludar a todos, y habiendo recibido la copia del guión.
En el hall, busqué a su secretaria y le pedí que me comunicara con la esposa de Laurie, quien me indicó los pasos a seguir para obtener la green card y poder trabajar en Estados Unidos sin inconveniente. Me contó que gran parte de los actores que interpretaban papeles pequeños eran extranjeros, así que realizaban este tipo de trámite con frecuencia.
Cuando me iba, alguien me detuvo frente a la puerta del teatro.
- Disculpame- dijo
Era alto y estaba apenas bronceado.Nariz recta, enorme sonrisa, y ojos grandes y oscuros con los que me miró mientras continuó diciéndome en perfecto español:
- Me quedé a esperarte para saber si habías quedado en el elenco. Soy Rafael, y voy a interpretar el papel de Gerónimo en la obra.
- Soy Miranda- dije, y sonreí.
Era una tarde ideal para sonreír.
miércoles, 3 de junio de 2009
La improvisación

Temblé como una hoja en medio de un viento huracanado.
No sabía cantar.
Mi voz podía ahuyentar a las palomas y hacer que un niño llorara si intentaba dormirlo con una canción de cuna.
Pero me di cuenta que no había alternativa. Si quería subir a las tablas de Broadway debía intentarlo. Así que ocultando mi falta de talento y el temblequeo de mis manos dije:
- ¿Estará disponible la pista de My heart will go on?
Me maldije apenas finalicé la pregunta. ¿Acaso me creía capaz de emular la voz de Celine Dion?
Creo que mi futuro se veía más cerca de chocar con un iceberg, que de abrazar al viento en la proa de mi destino.
La música comenzó a sonar, y no me quedó otra que abrir la boca para soltar algunos sonidos.
Desafiné tanto en los agudos, que de haber habido ventanales en la sala hubieran estallado en mil pedazos.
Traté de actuar la canción, era lo único que podía salvarme.
Le imprimí dramatismo, al borde del llanto, mientras arqueaba sutilmente mi cuerpo envuelta en una supuesta angustia.
Los acordes finales sonaron, y pude volver a respirar con normalidad.
Las caras en la platea no eran demasiado alentadoras, y me preparé para lo peor.
- Vení, Miranda- dijo Laurie
Me acerqué, forzando una sonrisa y esperando lo peor.
- Ya tomamos una decisión - agregó
lunes, 1 de junio de 2009
La audición
Amanecí mejor, como sumergida en un sueño nocturno que permanecía vigente aún en la vigilia.
Tal vez la emoción de estar frente a una jornada distinta me provocaba una amnesia forzada de lo ocurrido el día anterior, o quizás eran simplemente las ganas de volver a estar bien.
Tomé el texto que había elegido para presentarme a la selección y lo repasé varias veces en el desayuno, frente a una Lucía que soportaba con paciencia mis interrupciones y mis quejas, y que hasta improvisó aplausos cuando logré decirlo sin una sola mueca de insatisfacción.
Después, elegimos juntas la ropa que usaría: un vestido negro, simple, de algodón y unas sandalias sin taco. Me puse una vincha en el pelo, tomé mi cartera y salí.
Seríamos alrededor de treinta personas los que estábamos en el hall de acceso al teatro, a la espera de alguna indicación. Yo pregunté por Laurie, tal como él me había indicado, pero su asistente me ordenó que aguardara junto al resto hasta ser llamada.
La audición era privada, por lo que se hacía bastante tedioso aguardar a que alguno saliera, para al menos conjeturar según sus gestos si la prueba había sido más o menos exitosa.
Algunos repasaban sus textos, otros hablaban entre ellos, o daban vueltas en círculos.
Yo aprovechaba para fumar en la puerta intentando calmar mi ansiedad.
Me tocó ingresar en quinto lugar.
La sala no era demasiado grande, pero el escenario era lo suficientemente lindo como para opacar cualquier mala impresión.
En la primera fila distinguí a Laurie y me acerqué a saludarlo. Sonriente, me presentó al director, al guionista y a dos personas de prensa que se encontraban a su lado.
Después de la presentación, me preguntaron algunos datos, y me hicieron subir a escena.
Con luz tenue, y nervios recorriéndome el cuerpo, comencé a leer mi texto.
No había sonido alguno, más allá de mi voz y mis latidos.
No titubeé un segundo, y pude interpretar mi personaje tal como pretendía.
Sólo faltaba la devolución. de Laurie y compañía.
Levanté la mirada, tratando de interpretar sus rostros.
Parecían conformes con mi actuación pero no emitían una sola palabra.
Me quedé sobre el escenario esperando una indicación, cuando Laurie por fin habló:
- Muy bien, Miranda, muy bien. Ahora queremos escuchar la canción que preparaste.
- ¿Canción? – pregunté - ¿Qué canción?
- Uh – dijo llevándose las manos a la cabeza – No te dije, ¿verdad? Esto es un musical, y necesitamos probar tu talento en el canto.
- No, Laurie, no me dijiste, y además…. – estuve a punto de decirle que era espantosa cantando, pero me contuve.- estuve algo resfriada.
Mentí, con la esperanza de que esa pequeña excusa me permitiera salir corriendo de ahí a tomar clases de canto intensivas para volver a probarme otro día.
Pero la cara de Laurie sugería que no habría tal alternativa.
