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miércoles, 25 de febrero de 2009

Detrás de la puerta



Me bajé en la puerta de la casa de la calle Yerbal.
Caminé pausadamente, con el miedo colgando de mis talones.
Chequeé que tuviera mi libreta de anotaciones, y la saqué de la cartera para aparentar que necesitaba tomar algunas notas.
Me arreglé el pelo, inspiré hondo y toqué el timbre.

Los segundos se congelaron en el aire. El silencio y la falta de respuesta me generaban ansiedad y tensión, hasta que finalmente sucedió.

La puerta se abrió dejando al descubierto la figura de Laura, que vino caminando hacia la reja detrás de la que yo me encontraba.

- ¿Venís a venderme algo? - me preguntó.

- No, no - dije intentando sonreír al mismo tiempo que podía sentir en mi espalda los ojos de Clara que contemplaba la escena desde al auto, a unos metros - permítame que me presente: Soy Ana, estudiante de psicología y pasante del Centro de Salud Mental XXX.

- Ah - la cara de Laura se mostró visiblemente alterada por el recuerdo de esa etapa de su vida

- Yo estoy haciendo una pasantía ahí y preparando mi tesis.Con la colaboración del personal médico de la institución pude tener acceso a su información y como mi tesis desarrolla lo concerniente a depresiones acompañadas de intento de suicidio me tomé el atrevimiento de llegar hasta su casa para hacerle unas preguntas - dije con total naturalidad

- Pero yo no tengo ganas de hablar con una extraña sobre mi vida - respondió

- Entiendo. Se me ocurre alguna alternativa - dije intentando pensar más rápido que la velocidad de mi voz - tal vez si pudiera conocerme se sentiría más tranquila.

- ¿Conocerte? ¿A qué te referís? - dijo Laura

- Digo...se me ocurre...a veces hace bien hablar con alguien objetivo.Tal vez podríamos tomar un café y hablar de la vida en general.A medida que entremos en confianza tal vez sienta ganas de descargarse - dije sin pensar en las posibles respuestas.

- ¿ Y por qué yo debería tomar un café con vos? ¿ Para hacerte un favor y que termines tu tesis?

- Bueno, en parte.Sería un favor compartido.Yo además prestaría mi oído a su historia y tal vez podría darle una mano con el presente, ver cómo se siente, qué pudo hacer de su vida, cómo continuó... es sólo una idea - dije

- ¿ Y dónde estudiás? - quiso saber

- En la Universidad de El Salvador

- ¿ Y cómo es tu nombre?

- Ana. Ana Alvarez - inventé

- Hagamos una cosa Ana, esperame cinco minutos que le digo a la empleada lo que tiene que hacer en mi ausencia, y vamos a un café acá sobre Rivadavia, y vemos si resulta - contestó

- Me parece genial - dije

La vi entrar mientras mi corazón se salía de lugar frente a la emoción. Tenía la posibilidad de hablar con Laura, de conocer en detalle su historia y adivinar el papel que jugaba Manuel en su vida.
La verdad, por primera vez, iba cobrando una forma real, tangible y yo no podía parar de sonreír.
Estaba a un paso de descubrir todo, y me sentía poderosa y entusiasta.


Lo que yo desconocía era que Laura no había utilizado esos cinco minutos para hablar con la empleada sino para hacer una llamada que cambiaría el futuro de todos.