Me bajé en la puerta de la casa de la calle Yerbal.
Caminé pausadamente, con el miedo colgando de mis talones.
Chequeé que tuviera mi libreta de anotaciones, y la saqué de la cartera para aparentar que necesitaba tomar algunas notas.
Me arreglé el pelo, inspiré hondo y toqué el timbre.
Los segundos se congelaron en el aire. El silencio y la falta de respuesta me generaban ansiedad y tensión, hasta que finalmente sucedió.
La puerta se abrió dejando al descubierto la figura de Laura, que vino caminando hacia la reja detrás de la que yo me encontraba.
- ¿Venís a venderme algo? - me preguntó.
- No, no - dije intentando sonreír al mismo tiempo que podía sentir en mi espalda los ojos de Clara que contemplaba la escena desde al auto, a unos metros - permítame que me presente: Soy Ana, estudiante de psicología y pasante del Centro de Salud Mental XXX.
- Ah - la cara de Laura se mostró visiblemente alterada por el recuerdo de esa etapa de su vida
- Yo estoy haciendo una pasantía ahí y preparando mi tesis.Con la colaboración del personal médico de la institución pude tener acceso a su información y como mi tesis desarrolla lo concerniente a depresiones acompañadas de intento de suicidio me tomé el atrevimiento de llegar hasta su casa para hacerle unas preguntas - dije con total naturalidad
- Pero yo no tengo ganas de hablar con una extraña sobre mi vida - respondió
- Entiendo. Se me ocurre alguna alternativa - dije intentando pensar más rápido que la velocidad de mi voz - tal vez si pudiera conocerme se sentiría más tranquila.
- ¿Conocerte? ¿A qué te referís? - dijo Laura
- Digo...se me ocurre...a veces hace bien hablar con alguien objetivo.Tal vez podríamos tomar un café y hablar de la vida en general.A medida que entremos en confianza tal vez sienta ganas de descargarse - dije sin pensar en las posibles respuestas.
- ¿ Y por qué yo debería tomar un café con vos? ¿ Para hacerte un favor y que termines tu tesis?
- Bueno, en parte.Sería un favor compartido.Yo además prestaría mi oído a su historia y tal vez podría darle una mano con el presente, ver cómo se siente, qué pudo hacer de su vida, cómo continuó... es sólo una idea - dije
- ¿ Y dónde estudiás? - quiso saber
- En la Universidad de El Salvador
- ¿ Y cómo es tu nombre?
- Ana. Ana Alvarez - inventé
- Hagamos una cosa Ana, esperame cinco minutos que le digo a la empleada lo que tiene que hacer en mi ausencia, y vamos a un café acá sobre Rivadavia, y vemos si resulta - contestó
- Me parece genial - dije
La vi entrar mientras mi corazón se salía de lugar frente a la emoción. Tenía la posibilidad de hablar con Laura, de conocer en detalle su historia y adivinar el papel que jugaba Manuel en su vida.
La verdad, por primera vez, iba cobrando una forma real, tangible y yo no podía parar de sonreír.
Estaba a un paso de descubrir todo, y me sentía poderosa y entusiasta.
Lo que yo desconocía era que Laura no había utilizado esos cinco minutos para hablar con la empleada sino para hacer una llamada que cambiaría el futuro de todos.
