
- ¿Tenés todo listo? - la escuché decir a Lucía- No me hagas como la última vez que te olvidaste todos los regalos en casa.

Todo estaba arreglado para el regreso triunfal(?) a Buenos Aires. Sendos pasajes, ropa para la fiesta, algunos regalos para los amigos y, lo más preocupante, el trabajo. Había podido organizar las fechas de las campañas para que me quedaran veinte días libres y hasta había diseñado un cartel imaginario que dijera: Vuelvo pronto, esperenme.








Brindamos varias veces por el posible éxito del musical y nuestro camino en la actuación.
Amanecí mejor, como sumergida en un sueño nocturno que permanecía vigente aún en la vigilia.
Tal vez la emoción de estar frente a una jornada distinta me provocaba una amnesia forzada de lo ocurrido el día anterior, o quizás eran simplemente las ganas de volver a estar bien.
Tomé el texto que había elegido para presentarme a la selección y lo repasé varias veces en el desayuno, frente a una Lucía que soportaba con paciencia mis interrupciones y mis quejas, y que hasta improvisó aplausos cuando logré decirlo sin una sola mueca de insatisfacción.
Después, elegimos juntas la ropa que usaría: un vestido negro, simple, de algodón y unas sandalias sin taco. Me puse una vincha en el pelo, tomé mi cartera y salí.
Seríamos alrededor de treinta personas los que estábamos en el hall de acceso al teatro, a la espera de alguna indicación. Yo pregunté por Laurie, tal como él me había indicado, pero su asistente me ordenó que aguardara junto al resto hasta ser llamada.
La audición era privada, por lo que se hacía bastante tedioso aguardar a que alguno saliera, para al menos conjeturar según sus gestos si la prueba había sido más o menos exitosa.
Algunos repasaban sus textos, otros hablaban entre ellos, o daban vueltas en círculos.
Yo aprovechaba para fumar en la puerta intentando calmar mi ansiedad.
Me tocó ingresar en quinto lugar.
La sala no era demasiado grande, pero el escenario era lo suficientemente lindo como para opacar cualquier mala impresión.
En la primera fila distinguí a Laurie y me acerqué a saludarlo. Sonriente, me presentó al director, al guionista y a dos personas de prensa que se encontraban a su lado.
Después de la presentación, me preguntaron algunos datos, y me hicieron subir a escena.
Con luz tenue, y nervios recorriéndome el cuerpo, comencé a leer mi texto.
No había sonido alguno, más allá de mi voz y mis latidos.
No titubeé un segundo, y pude interpretar mi personaje tal como pretendía.
Sólo faltaba la devolución. de Laurie y compañía.
Levanté la mirada, tratando de interpretar sus rostros.
Parecían conformes con mi actuación pero no emitían una sola palabra.
Me quedé sobre el escenario esperando una indicación, cuando Laurie por fin habló:
- Muy bien, Miranda, muy bien. Ahora queremos escuchar la canción que preparaste.
- ¿Canción? – pregunté - ¿Qué canción?
- Uh – dijo llevándose las manos a la cabeza – No te dije, ¿verdad? Esto es un musical, y necesitamos probar tu talento en el canto.
- No, Laurie, no me dijiste, y además…. – estuve a punto de decirle que era espantosa cantando, pero me contuve.- estuve algo resfriada.
Mentí, con la esperanza de que esa pequeña excusa me permitiera salir corriendo de ahí a tomar clases de canto intensivas para volver a probarme otro día.
Pero la cara de Laurie sugería que no habría tal alternativa.






