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viernes, 29 de mayo de 2009

Ira



- ¿Quién habla? – pregunté, aunque ya había reconocido su voz.

- Laura. Lamento que pensaras que era alguna amiga – rió

- No entiendo ni tu llamado ni tu risita- dije

- Sencillo, mi querida, tomé tu número del identificador de llamadas del celular de Manuel y decidí decirte unas palabritas, por si acaso te hubieras olvidado de mi existencia- me aclaró en todo irónico

- No creo que me interese escuchar nada que venga de tu persona.

- Yo creo que si. Una advertencia nunca viene mal a gente como vos que parece que no termina de entender las cosas –agregó, con ánimo de irritarme

- Decime de una vez, se me hace insoportable tener que escucharte- dije elevando apenas el tono de voz.

- Que no jodas más. Que te dejes de buscar a mi Manuel – hizo hincapié al pronunciar la palabra “mi”- Sobre todo, que entiendas de una vez que ya perdiste la batalla, y que tu figura sólo nos inspira pena, y mucha risa, a carcajadas, cuando estamos juntos.

Nada me había alterado realmente hasta el momento, hasta que imaginé la escena de ellos burlándose de mi llamada. Manuel cortando el teléfono, abrazando a Laura, y ella pidiendo que le relate mis palabras. Después las risas, la burla, la hipocresía de Manuel, el regodeo de Laura, victoriosa, mala.


- Morite – dije – por mi, morite. Quedate con la lacra de Manuel, si son tal para cual. Lamento haberme casado él, ojalá me hubieras evitado semejante chasco –dije, con toda la ira que venía acumulando durante meses.

- No quieras engañarme, que sé muy bien lo que te duele que él ya se haya olvidado de vos. Jamás vas a perdonarle que te haya hecho cornuda, sobre todo porque seguís enamorada de él. Pero asumilo, que así es más fácil…

- Mirá – la interrumpí- podés pensar lo que quieras. Yo estoy empezando una vida nueva, con alguien mejor que Manuel. Y acordate vos, que así como me engañó a mí te puede engañar a vos.Así que lo más probable es que seas la próxima cornuda de esta historia. Y eso, morite, me da lo mismo, todo lo de ustedes me da igual. Se acabó, se terminó, ¿me escuchás? Se a-ca-bó. ¡Matate infeliz!


Corté, abruptamente, sin darle tiempo a que respire, ni a que agregue ni un punto ni una coma.

La ira me había impulsado a ponerme a su altura.
Había gritado como una loca, resentida, furiosa, pero había dicho la verdad y me sentía increíblemente aliviada.

Otra vez su sombra


Quedé convertida en una estatua de piedra, sosteniendo el teléfono, sin emitir un sonido o expresar un gesto.

Muy dentro mío, como la lava de un volcán, sentía acumularse la ira en un rincón.

De pronto exploté.

Lloré y grité al mismo tiempo.
Grité y lloré.
Maldije en voz alta y otro tanto en silencio, con los puños apretados y el ceño fruncido.

Me sentía una completa idiota, cubierta por la burla de aquél a quien le estaba dando la posibilidad de enmendar su imagen.


Lucía subió corriendo para saber qué me pasaba, imaginando algo de lo acontecido.
Se limitó a abrazarme, las dos sentadas en el borde de la cama, y a repetirme que yo no era tonta, sino simplemente una mujer que no estaba acostumbrada a lidiar con gente hipócrita.

Tal vez era eso, mi necesidad de creer que detrás de un gran humo negro podía aparecer otra vez la nitidez de un horizonte.

Me había equivocado. Manuel no había cambiado. Su naturaleza permanecía inalterable, y sólo se había visto debilitada bajo los efectos del whisky, impulsándolo a un acto irracional, similar al mío, a mi llamada.

Nada más había, y ya no podía seguir escarbando en esa relación, ni en su persona.

Ahora me culpaba por haber corrido a llamarlo, sin determe a pensar un segundo en qué hubiera pasado si su perdón era cierto.¿Cuánto le habría durado? ¿Qué hubiera hecho con mi amor por Octavio? ¿Iba a dejarlo en el camino por darle una oportunidad a aquél que había traicionado mi absoluta confianza? ¿Tan débil era en el fondo?

Necesita pensar, buscar la punta del hilo y acomodarlo lentamente en la madeja otra vez.

Todo era cuestión de apretar el freno, desmenuzar lo sucedido y repartir la baraja una vez más.

Lucía me dejó sola, para que intentara descansar.




No sé cuánto tiempo había pasado cuando volvió a ingresar por la puerta del dormitorio y encendió la luz con el teléfono en la mano.

- Es una amiga tuya – me dijo


Medio dormida, pensé que si no era Clara nadie que dijera ser mi amiga podía llamarme a Estados Unidos, pero un impulso me obligó a atender.


- Hola – dije, mientras Lucía se alejaba

- Hola, Miranda. Tanto tiempo sin hablarnos.


Era la voz de Laura.

miércoles, 18 de marzo de 2009

En cautiverio


Volví de noche, a la hora de la cena.
Lo encontré a Manuel cenando frente al televisor, su única compañía.
Solté el bolso sobre la alfombra del living y lo miré, de pie junto al sillón.

Ninguno de los dos era lo suficientemente valiente como para hablar. Yo sabía, además, que desde el momento en que hablara me condenaría a veinticuatro horas consecutivas de mentira y actuación, por tiempo indeterminado.

Finalmente, fue él quien habló:


- Amor, volviste.

Fue todo lo que dijo antes de abrazarme.
Lo miré, lo alejé de mi lado un momento y le dije:

- Te perdono, pero sólo si dejás de verla.No pienso ser cómplice de mi propia tristeza avalando tu engaño.

- Te lo prometo. No más Laura. Yo sólo necesito estar con vos. Te amo Eme.

Sólo me decía Eme en los momentos de mayor intimidad, en aquellos en que el amor flotaba en el aire y nos atravesaba como cuando nos conocimos.Era nuestro pequeño código que resumía un corazón enamorado.

Nos besamos e hicimos el amor con olor a tregua, a pacto tácito entre dos amantes que desean borrar el pasado que estuvo a punto de alejarlos.

Pero el pasado estaba ahí, presente, enroscado en las sábanas de algodón, en la piel de Manuel, en su aliento.

Los días que siguieron, fueron una seguidilla de gestos de arrepentimiento por parte de Manuel. Cartas de amor, cenas a la luz de las velas, escapadas de fin de semana, flores y regalos se convirtieron en pedidos de perdón y confirmaciones de amor.
A medida que el tiempo transcurría, me acostumbraba cada vez más al juego y me costaba cada vez menos improvisar el papel de esposa comprensiva y tolerante.

Manuel dejó de ver a Laura, al menos durante ese tiempo.En un acto de confianza, me permitió que atendiera yo los llamados que ella hacía a su celular y que le dijera lo que quisiera. Mis palabras siempre fueron las mismas:

- Te equivocaste. Manuel me prefería a mí. No llames más, ahorrate la molestia.

Y le cortaba.

Dos veces se apareció en la puerta de nuestra casa. Siempre en día domingo.
La primera vez fue una escena digna de "Atracción fatal", con ella furiosa, entrando al living, gritando que yo había arruinado su matrimonio y que encima pretendía alejarla del hombre que amaba.Fue realmente vergonzoso ver como trataba de aferrarse al brazo de Manuel, mientras él la alejaba explicándole que todo había terminado y que nunca la había amado, ante mi presencia, impávida.
La segunda, fue sólo una visita desde la puerta, que abrí y cerré en su propia nariz.

Los llamados parecían extinguirse y yo sentía que el precio de sentirme como un león en cautiverio, detrás de los gruesos barrotes de acero que yo misma había diseñado, iban teniendo su recompensa.

Por momentos, casi podía creer que Manuel era el mismo de siempre y que yo... bueno, yo no sabía muy bien quién era.

lunes, 16 de marzo de 2009

Mi única carta



Poco más de un mes estuve fuera de mi casa.
El tiempo necesario para organizar mi mente, diseñar mi plan y reconstruirme con la ayuda de Clara.

Tejí una trama que me garantizara el éxito a futuro sin importarme cuánto perdiera de mi misma en el camino.El precio de la recompensa justificaba que de ahora en adelante me viera sometida a una eterna actuación frente a los ojos de Manuel.

En esos días aproveché para retomar mis clases de teatro y distenderme con mi grupo en medio de largas sesiones en las que intentamos adaptar una obra.Los ensayos me alejaron bastante de la realidad que me esperaba cada tarde al salir del teatro...la inminente puesta en marcha de mi plan, donde aparentaría ser la mujer ideal, que perdona todo y que todo lo comprende, simplemente para cobrarme a mi manera y el día menos pensado la inmensa tristeza a la que me condenaron.


Laura había recibido parte de su merecido. Había seguido a su marido, Andrés, desde la salida de su casa hasta la oficina.Lo había interceptado en la entrada y lo había convencido de tomar un café. No escatimé ni un poco de la verdad y vomité frente a sus ojos toda la historia de Manuel y Laura, la pasada y la actual.
Me dio pena por él, que intentaba hacerse el desentendido con tal de no asumirse engañado.Al fin y al cabo, con las pruebas que puse sobre la mesa y que abarcaban pagos de la clínica hechos por Manuel, giros de dinero a la cuenta de Laura, compras de regalos para las hijas y hasta fechas en que viajaron juntos, no le quedó otra posibilidad que creerme.

Varias veces había sonado mi celular y me había sorprendido con la voz de Laura envuelta en un grito y modulando un insulto.Sin decir nada le cortaba, y ella volvía a insistir hasta cansarse.
Sabía que nada le molestaría más que mi silencio, que la dejaba sola en la pelea, luchando contra los molinos de viento.

Imaginé un poco de ese caos: Andrés reprochándole a Laura la infidelidad, Laura negándolo todo y llamándome a escondidas para desquitarse.Después, el llamado obligado a Manuel quien no sabría , ni podría justificar mi actitud. Sólo una porción de veneno para Laura comparada con la dosis interminable que me había hecho beber a mi.

Manuel llamó cientos de veces y nunca lo atendí. En ocasiones me esperó en la casa de Clara, o en la puerta del teatro o en la casa de mis padres. Yo me subía al primer taxi que pasaba sin siquiera mirarlo.

Cuando me sentí lo suficientemente fuerte y entera como para soportar lo que venía, me dispuse a volver a la casa de Manuel, que volvía a ser mi casa.

En mi mano un bolso y en mi bolsillo mi única carta dispuesta a ser jugada.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El camino de la duda



Marqué el número de Clara.

- Hola

- Hola, Clar, soy yo - dije

- Hola, nena, ¿dónde estás? - preguntó

- Saliendo de la quinta. Necesito pedirte que me vengas a buscar - dije

- Más vale, decime por dónde

- Kilómetro 49 y medio, dónde esta la estación de servicio.Yo te espero ahí - contesté

- Dale, ya salgo. Si me pierdo te llamo al celu , besos - dijo y cortó


Desde la entrada de la quinta hasta la estación de servicio tenía un kilómetro, que me dispuse a recorrer sin miedo, como si supiera que nada peor podría pasarme.

Era de noche, y las pocas casas de la zona parecían sometidas al más solitario de los silencios. De vez en cuando, un perro que cruzaba me recordaba la existencia de vida en medio de la oscuridad.

En el tiempo que tardé en llegar, mis pensamientos y yo nos abrazamos a la duda.Las palabras de Manuel que habían sonado apenas convincentes, perdían convicción a cada uno de mis pasos.
La endeble historia de un hombre obligado a acceder a los deseos de una loca enamorada me parecía extraída de un manual barato del marido infiel, y me llenaba de impotencia y de rabia.

Tenía a Laura, el cerebro corroído por el amor que justificaba sus actos escudada en la depresión post aborto de un hijo que ella había deseado tener.
Por otro lado, una adopción en la que mi marido había participado como mero voluntario pero con serias consecuencias: que una niña lo llame papá.
Por último, un tonto que accede a casarse con ella y que enterado o no de la existencia de Manuel, acepta el pasado de ambos sin chistar, como un buen samaritano.

Y yo. El eslabón perdido de la cadena. La pieza suelta que no encaja en ninguna figura.
La ciega, sorda y muda a la que es preferible mentirle con tal de conservarla.
El hazmereír de varios protagonistas de la historia.
La tonta, la silenciosa, la que no molesta.

Miranda.
La Miranda que en medio de ese camino de árboles y dudas, decidió que Manuel era el más culpable de los culpables, y que con tal de que pague su culpa iba a hacer todo lo que estuviera a su alcance.

lunes, 9 de marzo de 2009

La confesión de Manuel - Ultima parte


- Explicame entonces lo del marido de Laura - dije

- No es muy difícil, al tiempo de adoptar a Sol yo empecé a abrirme.La veía mejor, se dedicaba todo el tiempo a su hija, y poco a poco iba siendo la de antes.Ahí te conocí a vos, y una noche se lo dije. Le costó entenderlo, pero no le quedó opción. Unos meses después, cuando volvió a trabajar, conoció a Andrés y se casaron. Con él tuvo a Constanza.

- Ay, pero qué linda historia de amor.Tan comprensivo ese Andrés, ¿no? -dije con ironía

- Es un buen tipo y la quiere - respondió

-¡ Me importa un carajo qué clase de tipo es Andrés, lo que no puedo entender es qué mierda seguís haciendo vos con Laura ! - dije totalmente fuera de mis cabales

- Miranda, amor, a mi ella no me importa, pero te juro que no puedo despegarme - dijo

- ¿Qué? ¿Qué clase de excusa barata es "no poder despegarte"? - pregunté

- Siempre siguió buscándome, me amenazaba con decir que Sol era hija nuestra, ¡y te juro que no lo es! Nunca se quedó tranquila, ni cuando se casó.Me buscó siempre, recordándome que yo era el amor de su vida y que no le importaba lo que tuviera que hacer para estar conmigo. Yo, con tal de evitarte este momento, preferí ser su amante, verla cuando podía, y entonces ella se calmaba, porque tenía lo que quería - dijo

- Claro, ¿Y por eso cuando me fui a la costa con Clara la viste todos los días? ¿Te pidió ella que corrieras desesperado a su encuentro? - pregunté - ¿Cómo hizo para verte si estaba casada?

- Ella se enteró que vos te habías ido.A mi se me escapó un día que me llamó por teléfono y me preguntó si estabas cerca, escuchando,y le dije que no, que hablaba tranquilo porque te habías ido unos días. Por supuesto que me obligó a que fuera - respondió - Además su marido había viajado una semana a Nueva York, así que decía que el destino quería que estuviéramos esos días juntos.

- Mirá Manuel, puedo llegar a aceptar que la ayudes con un trámite de adopción, pero de ahí a aceptar y perdonar que prefieras seguir acostándote con ella en lugar de decirme la verdad hay un abismo. Tu versión es un precipicio oscuro y lleno de mentiras, donde no pienso dejar que me arrastres - dije - Vos, Laura y el destino me dan asco.

- Tenés que creerme Miranda, lo hice por vos, para que siguieras enamorada del Manuel que soy en esencia, del que conociste, del que te ama - dijo

- ¿Del que nunca se alegró de que estuviera embarazada? ¿Del que jamás insinuó volver a intentarlo? - agregué

- No digas eso, para mi la paternidad era terrible después de lo que había pasado con Laura

- ¿Y por eso pretendías llevarme colgada de tus miserias hasta el fin de mis días? ¿Qué clase de amor sentís por mí si no sos capaz de respetarme? - respondí

- Miranda...no sé qué decirte. Soy tu Manuel, creéme - dijo con la voz entrecortada, al borde del llanto

- Llorá Manuel, llorá mucho, y pensá si vas a ser capaz de decirme la verdad.Yo mientras tanto, me voy a ir a lo de Clara.Ni se te ocurra buscarme, ni aparecer, ni llamarme.Cuando esté más tranquila tal vez podamos continuar la charla - dije

- No, amor, no te vayas - pidió


Caminé por el pasillo, y antes de llegar a la escalera que me llevaría hasta abajo, hacia mi temporaria salvación, me di vuelta y le dije:

- Podés llamarla a Laura , no pierdas tiempo, que tal vez justo el marido está en otro viaje de negocios y se pierden la oportunidad de compartir estos días.


Bajé la escalera, salí de esa casa y llamé a Clara.

Era la única persona a la que quería ver.

sábado, 7 de marzo de 2009

La confesión de Manuel- 3ra parte


-¡Mentiroso!¡Escuché como te decían papá! - dije llena de furia.

- Si, bueno, hay una confusión - dijo

- ¿¿Qué?? ¿Qué confusión puede haber? ¿Estoy sorda, ciega? ¿Qué vas a decirme ahora?

- No, no, Miranda.Sólo una de ellas me dice papá- dijo

- ¿Te dice papá? ¡Sos el padre, reconocelo de una vez! - imploré

- No, bueno, es largo - respondió

- Resumilo y contame ya - dije

- Cuando Laura estuvo mejor, después de haber presenciado ataques de locura, picos de depresión nuevos y repentinos, y habiendo llegado a sentirme el más culpable de los mortales al punto de suplicarle perdón por lastimarla tanto, ella me pidió un favor - dijo

- ¿Qué le devolvieras ese hijo que le habías robado? - pregunté

- Si

- ¡Entonces sos el padre! - exclamé

- No, sólo de cierta forma - dijo - En el estado en que estaba ella no hubiera podido soportar sanamente un embarazo, y se le ocurrió adoptar. Con ese antecedente y estando sola, era dificil conseguir la adopción, pero si yo estaba como su pareja era más fácil.Así que me lo pidió y yo accedí.Era lo menos que podía hacer por ella. Moví algunos contactos, jueces, secretarios, para no demorar su espera, y me ocupé de todo el trámite. Estuve con ella cada vez que vinieron a hacer las visitas de control, para aparentar que eramos una parejas estable y consolidada.¿Entendés?

- ¿Y por eso te llama papá? - pregunté

- Si, es una elección de Laura.No quiere contarle la verdad de su pasado, y le dijo que yo era su papito postizo. La nena me llama papá, y yo la verdad es que la adoro- dijo

- ¿Así, sin más? ¿Te ponen el título de papá inventado y listo? - pregunté

- Es que en cierta forma es como si lo fuera.Me ocupé de ella de chiquita, apenas la trajeron.¿Qué puedo decirte Miranda? - me preguntó mirándome a los ojos

- ¿Y la otra? - pregunté

- La otra es hija de su marido - dijo - pero esa es otra historia



Y yo me sentí rara, confundida, contemplando a ese hombre que de ser un cobarde mentiroso se convertía en un hombre con mucha culpa tratando de enmendar su error.
Al menos con Laura.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Impotencia





Con el corazón queriendo escaparse por mi boca y los puños tan apretados como mis dientes, tomé mi celular.
Como ilusa marqué el número de Manuel esperando que me atendiera.Sonó y sonó hasta el cansancio, y yo me enloquecí de a poco presionando el redial.

Le dejé tantos mensajes como para llenarle la casilla y que se viera obligado a escucharlos, al menos para liberar espacio.

Lo insulté, le dije que la jugada de convertirse en víctima era lamentable, que me hacía sentir un adorno en su vida, un relleno, un objeto descartable.Lo llamé cobarde, a los gritos, le dije que no me merecía, que era un perfecto desgraciado, que se había convertido en un monstruo y que me había decepcionado por completo.

La ira me brotaba por los poros.Era tanta, que hubiera necesitado otro cuerpo en dónde almacenarla...el mío no me alcanzaba.

Volví a tomar el teléfono, y esta vez marqué el número de Laura.

- Hola -dijo del otro lado de la línea

- Sos una hija de puta - dije sin dudar

- Epa, se te habrá escapado.Una señorita no dice esas cosas - respondió irónica

- ¿Por qué le avisaste a Manuel que yo sabía, que había estado con vos? - pregunté

- Porque se me dio la gana y porque a vos no te debo nada - dijo

- ¡Detesto que me refriegues en la cara tu complicidad con él, lo detesto tanto como te detesto a vos! - le grité

- Jajajajaj- sólo rió

- Ahora entiendo por qué se juntaron, son la misma basura los dos. Calcados, me dan asco - dije

- Ay Mirandita, vas a tener que tragarte tus palabras una a una - dijo

- ¿Qué?¿Encima pretendés que dude de lo que veo? - dije

- Yo sé por qué te lo digo.Usá la cabeza, no sea cosa que te arrepientas -agregó

- No voy a permitir que intentes llenarme de tus mentiras. Sólo necesitaba descargarme -dije

Y corté.


Por un segundo pude sentirme aliviada, al menos por haber podido decir lo que sentía a aquellos dos que se habían ocupado de trastornar los últimos meses de mi vida. Merecían todo mi desprecio y aunque los hubiera insultado todo el día no hubiera bastado para que lograran mi indulto.

Me arrojé sin fuerzas sobre el sillón, con la luz apagada, y sólo el reflejo de la luz colándose por la ventana iluminando mi soledad.

En medio del vacío que me transmitía ese hogar devenido en una vulgar casa sin concepto de familia, me detuve a pensar en las palabras de Laura.
Lo hice, inevitablemente. El eco de su voz retumbaba en mi cabeza, y martillaba mis pocas certezas.

¿De qué podía arrepentirme?

¿Había algo que no sabía?

¿Había forma de que Manuel no fuera culpable?


Atravesada por esos pensamientos, me venció el sueño.

martes, 3 de marzo de 2009

Huir


El auto de Clara se detuvo frente a la puerta de mi casa.


- Gracias, después te llamo - le dije a Clara apresurada por bajarme.

- Suerte. Acordate que tenés que ser fuerte, por tu bien - me dijo


En los pasos que recorrí hasta la entrada sólo pensaba en correrle el velo a la verdad para finalmente mirarla a la cara.
Sin duda, la única cara que vería sería la de Manuel, y detrás de sus ojos, las respuestas que buscaba.


Me repetí mil veces las palabras de Clara, tratando de grabarlas a fuego en mi inconsciente, para no dejarme convencer con explicaciones vagas ni argumentos de cotillón. Temía a la agudeza mental de Manuel, a su astucia defendiendo las causas perdidas, lo indefendible.


Sabía que de una u otra manera habría preparado su coartada desde siempre. No podía imaginármelo en el banquillo de los acusados aceptando la traición y recibiendo la condena.
Un as en la manga de Manuel, a eso le temía.


Prometí llegar hasta el final, mientras hacía girar la llave en la cerradura.


- Manuel, ya llegué - dije en voz bien alta


Silencio.


- Manuel, Manuel, ¿dónde estás? - pregunté de pie frente al abismo.


Sobre la mesa del living, una nota.










"No fue justo que recurrieras a ella en lugar de venir a mí.
Meterte en vidas ajenas es un papel que no te creí capaz de actuar.
Prefiero irme antes que soportar tus acusaciones injustas.
Ya hablaremos cuando se me pase.
Manuel "



Y eso fue todo lo que obtuve de él.

lunes, 2 de marzo de 2009

Los declaro marido y mujer


- ¿Cómo que es tu marido? - alcancé a balbucear

- Sí, estoy casada - dijo sin pestañear

- Pero...no entiendo.¿ Y Manuel? - pregunté

- Es una larga historia, y yo tengo que irme - dijo

- Pero necesito respuestas - dije con un dejo de súplica en mis palabras

- Lo lamento, vas a tener que recurrir a la fuente.Hasta acá llegué yo - respondió

- No, Laura, no podés...necesito...decime... - no supe qué decir

- No voy a decirte que fue un placer la charla, porque no lo fue - dijo con voz sórdida

- Lo suponía, no creas que para mí lo fue - dije en su mismo tono

- Tomalo como que fue un intento de limpiar mis culpas, o algo así - agregó

- Lo dudo.Ya descubriré cuál fue tu verdadera intención - dije


Se levantó dejando el dinero de su café y se perdió entre las mesas hasta que la vi traspasar la puerta de salida.

Salí en busca de Clara, que estaba leyendo en el auto.Al verme llegar, se bajó, ansiosa por saber las novedades.

- Pasó de todo - le dije

- ¡Contame ya!

- Muchas cosas.Hay vacíos en su historia, pero hay un dato que no vas a poder creerme - dije

- ¿Cuál? - me preguntó llena de intriga

- Está casada - respondí

- ¿Con Manuel? -dijo a los gritos

- No, tonta, con otro - agregué sonriendo

- Dios mío, me vas a matar del susto - hizo una pausa- ¿Cómo con otro? ¿Manuel es su amante?

- Así parece - dije - ya estoy demasiado confundida, siento que el cerebro me va a explotar de tanto sacar conclusiones.

- Te entiendo, amiga.¿Qué pensás hacer? - me preguntó Clara

- Lo que debí haber hecho en un principio.¿Me llevás? - pregunté

- ¿A dónde?

- A casa. Tengo que hablar con Manuel, es el único que puede desenredar el ovillo - dije


Entonces, nos subimos al auto.

domingo, 1 de marzo de 2009

Perdida



Del otro lado de la línea, una voz masculina me respondió:

- Hola. ¿Quién habla?... Laura, ¿sos vos, amor?

- No, no soy Laura - hice una pausa, confundida - ¿Manuel?

- ¿Manuel? ¿Qué Manuel?

Laura intentaba sacarme el teléfono por todos los medios.Su cara denotaba incomodidad y nerviosismo.

- ¡Dame, dame! - me dijo estirando la mano con urgencia

Sabiendo que nada había salido como esperaba, se lo devolví, y me quedé contemplando como ella hablaba con el hombre que estaba del otro lado y que , por suerte o desgracia, no era Manuel.

En un momento bajó el tono de voz, hasta que lo inoportuno de mi mirada la obligó a levantarse y dirigirse hacia la puerta para hablar sin que yo escuche.

En la soledad de la mesa, y mientras le hacía señas al mozo de que necesitaba una dosis doble de café, me detuve a pensar en hombre que la había llamado.Probablemente fuera un amigo, o un hermano, y lo condenable, más allá de mi abrupto comportamiento, era el hecho de que ella pretendía que yo creyera que era Manuel. Era imperdonable.
Una vez más el cordero mostraba que bajo la piel lanuda se ocultaba el más astuto de los zorros.


Cuando volvió a sentarse frente a mí, sólo atiné a preguntarle:

- ¿Quién era?

- Ya viste que no era Manuel - dijo

- Eso ya lo sé sin que vos me lo digas.Por eso quiero saber quién era - insistí

- No viene al caso - respondió

- Sí, viene al caso, porque esa persona que llamó desconocía quién era Manuel, y porque además vos te pusiste demasiado nerviosa cuando me escuchaste decírselo - contesté

- Me puse nerviosa por la situación - dijo, y supe que mentía

- No. Te pusiste como loca, reclamándome el teléfono como si quisieras evitar que yo diga algo de más que no pudieras revertir.

- Te habrá parecido - contestó

- Dejémonos de mentiras. Saliste a la puerta porque no podías hablar delante mío.¿Quién era, Laura? - insistí

- Era mi marido - dijo


Me quedé inmóvil, sintiéndome más perdida que nunca.

sábado, 28 de febrero de 2009

La llamada


- Te entiendo - dije - creéme que te entiendo

- No sabés lo que me arrepiento de haberle hecho caso - dijo Laura

El silencio flotó en el aire, como dándonos una tregua.

En ese espacio sin palabras, traté de acomodar mis ideas.
¿Quién era Laura? ¿Qué ganaba contándome su desgracia?
Si ella misma se había reconocido como una zorra, ¿qué podía pretender que hiciera conmigo...beneficencia, caridad?

Intenté recobrar mi sano juicio, y ubicarme en el contexto. Ella, la amante dolida, yo la mujer legítima pero engañada.Si bien ambas corríamos en desventaja, ella tenía más para perder que yo, a menos a simple vista, por lo cual Laura ocultaba una segunda intención en sus palabras.

- Laura - dije interrumpiendo el silencio reinante - ¿Vos te enteraste que Manuel se casaba conmigo, no?

- Si, claro - respondió

- ¿ Y por qué seguiste con él y tuviste dos hijas? - pregunté - ¿Estabas resignada al papel de segunda sólo por amor?

- No.Yo sentí siempre que era la primera. Manuel me contaba todo, sabía de vos... un papel no me modificaba la vida - dijo

- Pero no entiendo, hay muchas cosas que no me cierran.Si no quiso tener ese hijo con vos...¿por qué después accedió a tener dos? - pregunté

- Eso preguntáselo a él - dijo

- Te lo estoy preguntando a vos - respondí

- Yo no voy a contestártelo - siguió

En ese momento, el celular de Laura sonó interrumpiendo nuestro diálogo.
Laura levantó el teléfono que estaba apoyado al costado del vaso de agua y miró la pantalla para reconocer el nombre de quien llamaba.


En un primer momento su cara empalideció, pero un instante más tarde, el color volvía a su rostro, mientras se llevaba el celular hasta el oído.

- Hola amor - dijo descaradamente, frente a mis ojos.

Le hice señas, intentando confirmar que era Manuel, y enseguida asintió con la cabeza.

Entonces, sin medir lo que hacía, como poseída por la furia y la rabia contenida durante tanto tiempo y cansada de ver como Laura se regodeaba en mi dolor y disfrutaba de contarme los detalles de la doble vida de Manuel,le arrebaté el teléfono de las manos y le grité al hombre que estaba del otro lado de la línea:

- ¡Hijo de puta, soy yo, más vale que vayas pensando cómo me vas a explicar todo esto!

viernes, 27 de febrero de 2009

Demasiada tristeza


Sabía que no podía irme, que dejar la silla vacía era darle a Laura el placer de la victoria, de verme vencida y confirmar que su espera había sido fructífera.

Hice un nudo con mi corazón, oculté el orgullo debajo de la mesa y me sequé las lágrimas con la punta de los dedos, mientras ella bebía su café.

Me acomodé, intenté concentrarme como antes de salir a escena, y repasé el libreto imaginario que contenía las palabras que debía decir para no perder el partido.

- En realidad no sé por qué me pongo así, si Manuel ya me lo había dicho.Además, él siempre tuvo en claro que yo no tenía una moneda y que tampoco pensaba buscarme un trabajito para darme los gustos. Él estuvo dispuesto a complacerme mientras que yo respetara su vida, y es lo que hago - dije

- Si tanta confianza se tienen no entiendo cómo desconocías mi existencia -dijo rápidamente Laura

- Yo no dije que la desconociera, sólo quise saber más, o digamos que quise saber tu versión.Las mujeres nunca nos conformamos con una sola teoría sobre los hechos - aclaré

- ¿Vos decís que Manuel te contó lo nuestro? - preguntó

- Si, claro - contesté

- ¿Y entonces por qué no querías que yo le dijera de nuestro encuentro? - quiso saber

- Porque una cosa es que yo le pregunte y otra cosa es que invada su terreno.Te dije que prometí respetar su vida - mentí

- Ah - sonó desilusionada - entonces no sé qué más querés que te cuente...

- Podés contarme el resto.Cuando llegaron los hijos, por ejemplo - dije

- Mis gordas, tan hermosas - dijo con una sonrisa - prefiero no meter a ellas en esta historia

- Pero forman parte de un todo, tal vez me serviría para entender - dije buscando un poco de solidaridad de su parte

- No son necesarias para que entiendas.Vos querías saber de mi intento de suicidio, ¿no?

- Si, podés contarme eso si preferís - dije

- Te lo voy a contar para que veas la joyita con la que te casaste, no porque me interese ayudarte, que te quede claro - dijo soberbia

- Está claro que no querés ayudarme, así que sólo pretendo que me digas lo que a vos te convenga que yo escuche.Entiendo que esas son las reglas - dije segura.

- Bien, no sos tan tontita como te imaginaba - dijo - aunque si sabías la verdad de todo, sigo teniendo dudas sobre tu persona.O sos una zorra vividora o una ovejita dispuesta a ir al matadero.

- Soy sólo una persona que busca su propio bienestar.Calculo que entendés de esas cosas - volví a mentir.

- Jajaja - rió - claro que entiendo.Aunque lo de ser zorra lo aprendí después de lo que me pasó. Primero fui un pobre cordero enamorado.

- Contame - dije apurando el relato

- Un día, cuando hacía mucho que estábamos juntos, y en una época en que aún no habías aparecido, quedé embarazada.Fue resultado de unos días en Brasil, muy enamorados, dónde todo se reducía a tomar sol, desayunar frente al mar y hacer el amor - dijo acentuando la última parte

- Agradezco los detalles - dije -seguí

- Bueno, estábamos ya en Buenos Aires cuando tuve el atraso. Me hice algunos Evatest que me dieron positivo y decidí darle la noticia a Manuel pensando que iba a ponerse tan feliz como yo.

- Y no fue así - interrumpí

- No. Nunca pudo compartir mi felicidad - dijo, y por primera vez vi un dejo de tristeza en su mirada - Se puso serio primero y después se enojó y empezó a gritarme diciéndome que era una mentirosa.

- ¿Qué le mentías con el embarazo? - pregunté

- No, decía que le había mentido en cuanto a los anticonceptivos. Se armó una discusión horrible, donde me dijo cosas espantosas que jamás pensé escuchar de su boca.

- ¿Pero de verdad le habías mentido? - pregunté

- Si, en eso tuvo razón. Durante años tomé pastillas, pero cuando me di cuenta que estaba enamorada de Manuel, decidí dejar de cuidarme, no me importaba quedar embarazada del hombre al que amaba, pero no me animaba a decírselo.Supongo que no lo hacía porque sabía que su respuesta iba a terminar con mi sueño.Él no estaba enamorado de mi, yo lo intuía.

- ¿Y por qué pensabas que un hijo lo iba a solucionar? ¿No pensaste que podía ser peor? - pregunté

- No, yo no era lo suficientemente madura como para razonar eso.Me dejé llevar por mis ganas sin pensar en nada más - dijo sincerándose como jamás pensé que lo haría.

- ¿Y entonces? - insistí

- Entonces me dijo que no pensaba ser el padre de un hijo gestado desde el engaño - dijo

- Pero el bebé no tenía la culpa - agregué

- Fue lo que yo le dije, pero él se refugió en palabras baratas, de que aún no era una persona, que no podíamos sentir cariño por alguien que aún no conocíamos y que no formaba parte de nuestras vidas. Y así fue como después de una noche entera discutiendo, me obligó a decidir.

- ¿Cómo que te obligó? ¿Qué te dijo? - pregunté

- Me pidió que eligiera entre ese embarazo y él - respondió con los ojos llenos de lágrimas - Y yo estaba tan enamorada que lo elegí a él.


En ese instante en que escuché sus palabras, no pude más que sentir una tremenda compasión por Laura.La vi quebrarse ante mis ojos y se notaba que en ese momento de confidencia hubiera dado lo mismo que fuera yo o cualquiera quien le prestara el oído.Ella necesitaba escupir esa verdad, ese dolor que se notaba que la mordía desde adentro y que pedía a gritos un perdón.

Yo no sabía si era cierto lo que salía de su boca, pero salvo que el demonio se hubiera disfrazado de Laura, nadie podía ser tan malo como para mentir inventando esa desgracia.

La desolación invadió el bar, y la tristeza se sentó a nuestro lado.
Demasiada tristeza ...

A palabras necias...


Recliné la espalda sobre la silla, casi victoriosa.

Digo casi, porque una pequeña luz de alerta se encendió antes de que pudiera relajarme por completo. Laura, no podía acceder tan fácilmente a contarme la historia, cuando minutos atrás amenazaba con contarle a Manuel de nuestro encuentro y juraba no soltar palabra sobre su pasado.

Decidí entonces seguirle el juego y poner un filtro en su mensaje.Nadie me garantizaba que lo que dijera fuera cierto.
El problema entonces era doble: ¿Para qué estaba yo allí si no podía creerle por completo?

No tenía más alternativa que escucharla, pero poco a poco iba sintiendo que el placer del triunfo se deslizaba por el mantel , mientras que yo me convertía en el rostro de la derrota.

Así y todo, la escuché.

- Con Manuel estamos juntos hace mucho tiempo - dijo

- ¿Cuánto? - pregunté

- Desde la facultad.Estudiamos juntos y después nos seguimos viendo como colegas y algo más.

- ¿Algo más? - quise saber

- Si, él estaba de novio con otra chica cuando empezamos a tener una relación.Al principio fueron encuentros casuales, después nos enamoramos - dijo

- Se enamoraron, qué bien...¿Y qué pasó? ¿ En qué momento aparezco yo? - pregunté

- Vos apareciste mucho después.Mucho después - remarcaba estas palabras como queriendo resaltar que Manuel le pertenecía simplemente por conocerlo desde antes.

- ¿Cuándo? ¿Qué sabés de mí? - pregunté notoriamente alterada

- Al poco tiempo que te conoció - dijo - Una noche me contó que te había conocido, que eras especial y ... eso, esas cosas

- Quiero saber qué son esas cosas ´

- Eso que te lo cuente él - dijo

- No, eso me lo contás vos.Ya empezaste a hablar -dije

- Dijo que serías la nuera que sus padres odiarían tener - agregó

- No entiendo - dije

- Manuel siempre tuvo una relación amor - odio con sus padres, sobre todo con su padre.Esa relación conflictiva fue el eje de su terapia durante muchos años.Bueno, cuando te conoció creyó que casarse con vos era una forma de rebelarse a lo que sus padres habían soñado para él.

- ¿Y qué soñaban para él? - pregunté muerta de curiosidad

- Una mina como yo, abogada talentosa, de buena familia, que no necesitara del dinero de ellos -dijo

- ...

- Lo opuesto a vos, que sos una actriz sin nombre, de teatro off y que si no fuera por Manuel estarías viviendo con tu amiga -dijo

- Pero...no entiendo. No puede ser cierto, sin duda estás mintiendo.No tendrías por qué contarme la verdad - dije con la voz entrecortada.

- Claro Mirandita que no voy a contarte todo, pero este precioso detalle no me lo iba a guardar para mí solita. Seguro que te sorprendí con la noticia, ¿no? - agregó


Hubiera querido asfixiarla, arrancarle los ojos, extirparle la lengua y ver cómo se desangraba frente a mis ojos.
Había llegado hasta ahí buscando comprender a Laura, justificar su historia, sentir compasión y culpar a Manuel hasta sentir que el odio hacia él podía unirnos.
En cambio, el odio por Laura se agigantaba con cada palabra que salía de su boca.

En ese momento recordé que podía estar mintiendo, y en lugar de sentir alivio, me invadió una terrible sensación: Estaba rodeada de mentiras y de dudas.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Sin salida



Me quedé muda y en pausa, como si alguien hubiera cercenado mi lengua y atado mis talones.
No sabía qué decir, qué hacer, y la única alternativa que se me presentaba viable era la de huir.
Alejarme de esa mujer que conocía sobre mi existencia, que pronunciaba mi nombre en un bar extraño, en un barrio que no era el mío. Irme rápido, borrándome el maquillaje de Ana con la manga de la camisa, sacándome el disfraz de mujer maravilla que lucha por la verdad y la justicia, abandonando esa idea loca de querer descubrir lo que otro quiere callar.

En medio del remolino de voces que se amontonaban en mi cabeza, que taladraban mis oídos con sugerencias para soportar el momento, me quedé quieta, impávida sobre esa silla, con la mirada perdida en mi pocillo de café.Fue Laura quien habló.


- ¿Te vas a quedar callada, Miranda? ¿Además de una mala mentirosa también sos una gallinita cobarde?- dijo, y fue un puñal clavado en el medio del pecho, en el centro de mi orgullo, en el latido de todas mis creencias, en ese lugar que uno construye desde que se siente adulto y que lo define a uno como persona.Ahí me dieron sus palabras, en el ángulo justo que hacía saltar mi furia como un vendaval.


- Si estoy acá no será porque soy cobarde - respondí

- Entonces te escucho - dijo, y cruzo los brazos en señal de espera

- Vine a enterarme de la verdad.Quiero saber todo sobre vos y Manuel - dije

- No seas tonta.¿Vos pensás que voy a contarte? - contestó

- Podés no hacerlo, pero sabés que si llegué hasta acá habiendo pasado primero por el loquero donde estuviste encerrada, soy capaz de cualquier cosa - dije tratando de generarle algo de presión

- Jajajaja - se rió

- No entiendo a qué viene la risa - dije

- Me imagino la cara de Manuel cuando lo llame para contarle que estuve tomando un café con vos - me contestó disfrutando al creer que me tenía acorralada

- ¿Si? Mirá vos...te advierto una sola cosa Laura, si lo llamás a Manuel voy a negar hasta la muerte este encuentro - contesté

- ¿Y por qué Manuel habría de creerte a vos y no a mí? - preguntó

- Porque vos estuviste en un loquero y yo no.Sigo siendo la esposa ideal.Así que tenés dos opciones, callarte y llamar a Manuel y que vuelvan a medicarte o a encerrarte por loca, o contarme la verdad y acá no pasó nada.Vos elegís - dije convencida.


Al rato, Laura empezó a hablar.

Los cinco minutos que modificaron la historia


Salió una vez más por esa puerta, y abrió la reja hasta pararse a mi lado.

De cerca me pareció más linda que lo que mis ojos habían advertido en las visitas de incógnito.
Sus ojos encerraban una enorme tristeza y me pregunté si los míos se verían así cuando conociera la verdad. Sentí miedo de convertirme en una de esas personas que arrastran su cuerpo dolido por este mundo, que fuerzan la sonrisa cada día, que respiran por obligación, que están más muertas que vivas.


- ¿Vamos? - sugirió

- Si,vamos - dije sonriente


Caminamos dos cuadras hasta llegar al café, hablando del barrio, de la tranquilidad de su calle y el bullicio de la avenida.


- Un cortado - le pidió al mozo

- Otro para mí - agregué


Se la notaba relajada, mientras que a mí me había invadido el miedo a equivocarme y quedar en evidencia.Una palabra errada, un comentario desacertado y Laura podía sellar su boca y tragarse para siempre la verdad.


- Bueno, empecemos hablando de vos - me dijo en un tono intimidante y a la vez amigable, en una extraña mezcla que me la hizo imaginar en un juzgado, defendiendo un caso, acosando al enemigo a favor de su cliente.

Me preparé para mentir en cada respuesta.


- ¿Qué quiere saber? - pregunté

- Primero te pido que nos tuteemos, me hacés sentir como si fuera tu madre - dijo de manera irónica

- Perfecto, decime que querés saber entonces.

- Bueno, algo de tu vida.¿Vivís sola? ¿ Tenés algún pasatiempo? ¿Estás casada, tenés hijos? - preguntó

- Vivo con una amiga, hace un tiempo.Estoy por recibirme y preparando la tesis.

- No me lleves otra vez hacia tu investigación para la tesis - me interrumpió Laura - contame otras cosas.

- Perdón, no era mi intención.Sigo entonces, tomo clases de pintura, me gusta, me relaja -dije

- Yo también pinto en mi tiempo libre, que no es mucho, porque tengo dos hijas - agregó

- Ah, qué lindo - dije - ¿Estás casada?

- Sigamos hablando de vos, contame - respondió sin dejarme saber la respuesta

- Bueno, no sé qué más contarte... tal vez que no tengo hijos, soy soltera - dije evitando cualquier tipo de asociación con mi verdadero yo.

-¿ Pero no estás ni siquiera de novia, Ana? - quiso saber Laura

- Algo hay, siempre, sólo que nada serio - respondí

- Qué raro que una chica tan linda como vos no haya formado nada estable - agregó

- No es tan raro, a veces uno no encuentra la persona ideal, soy joven, tengo tiempo - dije

- Claro, sos mucho más joven que yo, se nota - su respuesta tenía un tinte de rencor pero yo pensaba que era producto de mi imaginación y mi nerviosismo.

- Pero vos sos joven también - dije intentando remediar el malestar que flotaba en el aire

- No tanto, cuando uno tiene una vida difícil como la que me tocó, envejece veinte años de golpe- dijo sin poder ocultar su tristeza.

- Me gustaría ayudarte, pero para ayudarte tengo que conocer algo de vos - dije intentando llevarla a mi terreno.

- ¿Qué es lo que querés saber, Ana? - me preguntó

- Y...qué fue lo que te llevó a la depresión y por qué motivo, medicada y todo, tomaste la determinación de intentar un suicidio.

- Claro.¿ Y nada más querés saber, Ana? - La insistencia con que repetía mi nombre inventado comenzaba a ponerme nerviosa.

- El desarrollo de los hechos, supongo, como para entender el por qué de tu decisión - dije

- Ajá - dijo

- ....

- ....


El silencio se adueñó del encuentro.
Mientras yo imploraba que todo terminara bien, que finalmente se decidiera a hablar, desconocía lo que la cabeza de Laura ideaba.Yo había caminado un largo tramo hasta llegar a sentarme frente a ella.Había soportado noches de insomnio y llanto en soledad. Había jugado el rol de aprendiz de detective, y me había puesto el disfraz de Ana, sólo para escuchar su relato y llegar a la verdad.

Ella, en cambio, sólo había necesitado de cinco minutos para descubrir mi mentira.


- ¿Pasa algo Laura? - pregunté

- Sí, claro que pasa - dijo - pasa que no sabés mentir.

- No sé a qué te referís - dije a punto de tartamudear.

- Cuando entré a mi casa llamé a la facultad.El decano me conoce porque fui docente mucho tiempo en la carrera de derecho, algo que seguramente desconocías porque eso no figura en mi historia clínica. Ana Alvarez no es ninguna estudiante de esa facultad - dijo

- Seguramente habrán buscado mal - dije, sin que pudiera creerme

- Es que eso no es todo, me dijiste que sos soltera, sin embargo puedo ver un anillo en tu mano. Cabía la posibilidad de que fuera un anillo de compromiso, pero te ocupaste de aclararme que no estabas en ninguna relación seria - dijo- Así que decime quién sos y qué querés.

- Eh...lamento lo ocurrido.Yo...yo... - titubeaba sin que una sola idea inteligente se adueñara de mi voz

- Sabía que este día llegaría.Vamos Miranda, decime de una vez qué es lo que viniste a averiguar.

Detrás de la puerta



Me bajé en la puerta de la casa de la calle Yerbal.
Caminé pausadamente, con el miedo colgando de mis talones.
Chequeé que tuviera mi libreta de anotaciones, y la saqué de la cartera para aparentar que necesitaba tomar algunas notas.
Me arreglé el pelo, inspiré hondo y toqué el timbre.

Los segundos se congelaron en el aire. El silencio y la falta de respuesta me generaban ansiedad y tensión, hasta que finalmente sucedió.

La puerta se abrió dejando al descubierto la figura de Laura, que vino caminando hacia la reja detrás de la que yo me encontraba.

- ¿Venís a venderme algo? - me preguntó.

- No, no - dije intentando sonreír al mismo tiempo que podía sentir en mi espalda los ojos de Clara que contemplaba la escena desde al auto, a unos metros - permítame que me presente: Soy Ana, estudiante de psicología y pasante del Centro de Salud Mental XXX.

- Ah - la cara de Laura se mostró visiblemente alterada por el recuerdo de esa etapa de su vida

- Yo estoy haciendo una pasantía ahí y preparando mi tesis.Con la colaboración del personal médico de la institución pude tener acceso a su información y como mi tesis desarrolla lo concerniente a depresiones acompañadas de intento de suicidio me tomé el atrevimiento de llegar hasta su casa para hacerle unas preguntas - dije con total naturalidad

- Pero yo no tengo ganas de hablar con una extraña sobre mi vida - respondió

- Entiendo. Se me ocurre alguna alternativa - dije intentando pensar más rápido que la velocidad de mi voz - tal vez si pudiera conocerme se sentiría más tranquila.

- ¿Conocerte? ¿A qué te referís? - dijo Laura

- Digo...se me ocurre...a veces hace bien hablar con alguien objetivo.Tal vez podríamos tomar un café y hablar de la vida en general.A medida que entremos en confianza tal vez sienta ganas de descargarse - dije sin pensar en las posibles respuestas.

- ¿ Y por qué yo debería tomar un café con vos? ¿ Para hacerte un favor y que termines tu tesis?

- Bueno, en parte.Sería un favor compartido.Yo además prestaría mi oído a su historia y tal vez podría darle una mano con el presente, ver cómo se siente, qué pudo hacer de su vida, cómo continuó... es sólo una idea - dije

- ¿ Y dónde estudiás? - quiso saber

- En la Universidad de El Salvador

- ¿ Y cómo es tu nombre?

- Ana. Ana Alvarez - inventé

- Hagamos una cosa Ana, esperame cinco minutos que le digo a la empleada lo que tiene que hacer en mi ausencia, y vamos a un café acá sobre Rivadavia, y vemos si resulta - contestó

- Me parece genial - dije

La vi entrar mientras mi corazón se salía de lugar frente a la emoción. Tenía la posibilidad de hablar con Laura, de conocer en detalle su historia y adivinar el papel que jugaba Manuel en su vida.
La verdad, por primera vez, iba cobrando una forma real, tangible y yo no podía parar de sonreír.
Estaba a un paso de descubrir todo, y me sentía poderosa y entusiasta.


Lo que yo desconocía era que Laura no había utilizado esos cinco minutos para hablar con la empleada sino para hacer una llamada que cambiaría el futuro de todos.

martes, 24 de febrero de 2009

La estrategia


- ¿Vos te volviste loca? - me preguntó Clara

- Hace rato, desde que empezamos con todo esto - respondí intentando darle un toque de humor al momento.

- Imagino que tendrás un plan, es arriesgada tu idea - me contestó

- Claro que sí, y si no lo tuviera estás vos para darme una idea - agregué

- Bueno, contame - quiso saber Clara

- Voy a ir a ver a Laura con la excusa de ser una pasante del loquero.Le voy a decir que me interesó su historia y que como para mi tesis tengo que investigar sobre el tema de las depresiones seguidas de intento de suicidio, quiero conocer su versión de los hechos - dije convencida de que mi plan sería un éxito.

- ¿Y si ella sospecha? - me preguntó Clara

- No va a sospechar.

- ¿ Y si no quiere contarte? - siguió insistiendo

- ¿Por qué no habría de querer? Ella también es profesional, en algún momento habrá hecho una tesis, sabe que es crucial para obtener el título - dije

- Supongamos que acepta y te cuenta todo, cosa que dudo...si te llega a contar como ocurrió todo, pero sin dar nombre de su pareja, ¿cómo pensás lograr que te lo diga?

- Se lo pregunto

-¿ Y si te cuenta sobre Manuel creés que vas a poder controlar tu expresión? ¿Pensás que tu cara no te va a delatar? - continuó Clara

- Amiga, soy actriz, ¿te olvidabas? - contesté

- Ella es abogada, Miranda - me dijo en todo de aviso.

- Bueno, no creo que tenga que usar su profesión conmigo, no voy a darle motivos - dije

- Es tu decisión.La veo un tanto arriesgada, pero es lo que vos elegís hacer y te apoyo - dijo

- Genial, siempre es bueno contar con tu respaldo -dije intentando darle un abrazo mientras ella manejaba

- ¿Cuándo pensás hacerlo? - me preguntó

- Ahora mismo, y vos me vas a llevar - contesté


A los diez minutos Clara conducía por Avenida Rivadavia, rumbo a la casa de Laura.

La jugada maestra


Volvimos al loquero en busca de Cora.
Interrumpimos un nuevo café que tomaba en la sala de enfermeras junto a una pila de legajos como el de Laura.

- Gracias Cora, esto es suyo - dije devolviendo la historia clínica y entregándole el dinero restante.

- Fue un placer - respondió


Nos fuimos sin decir una palabra hasta que estuvimos sentadas en el auto.


- ¿Qué pensás? - me preguntó Clara

- Ya no sé si tengo fuerzas para pensar - respondí - tengo una extraña mezcla de emociones encontradas.

- Te entiendo, es demasiado raro esto.

- Sí, lo raro es que paso del odio a la compasión por Laura.Si el culpable de su aborto fue Manuel empezaría a entender algunas cosas - dije

- ¿Cómo qué? - me preguntó Clara

- Como la reacción que tuvo cuando quedé embarazada - contesté - Suena lógico que haya sentido rechazo.¿ O no ?

- ¿Vos decís que pudo haberle traído recuerdos de ese momento? - siguió Clara

- Y sí, y lo peor es que después debe haber sentido más culpa ante la pérdida de nuestro hijo. Aunque no sé, tal vez ni remordimiento sienta...

- Bueno, pero tal vez no era Manuel.En la historia clínica no decía el nombre de la pareja de Laura- agregó Clara queriendo impartir un poco de tranquilidad.

- Eso es lo que estoy pensando - dije

- ¿Qué cosa? - me preguntó

- Que sólo hay una manera de saber como fueron las cosas - respondí

- ¿Pensás encarar a Manuel? - quiso saber Clara

- No - contesté

- ¿ Y entonces?

- Pienso hablar con Laura - respondí


Clara se quedó contemplando mi cara, intentado descubrir si detrás de mis palabras había alguna sonrisa que acompañara mi respuesta, sospechando que se trataba de una broma.

Pero yo hablaba en serio.

sábado, 21 de febrero de 2009

El secreto de Laura


Clara tuvo que dejarle el documento de identidad a Cora y cien pesos a modo de seña, como garantía de que le devolveríamos la historia clínica.Nos dio una bolsa donde guardarla para que nadie pudiera detectarla.

Apenas Cora se alejó de la confitería, Clara me dijo:

- Vayamos a buscar un lugar donde sacar fotocopias.

- No, vayamos a otro bar, no podemos leerla acá - dije

- ¿Y las fotocopias? - preguntó

- No, no quiero hacerlo, no quiero pruebas de este momento, con saber lo que pasó es suficiente - dije

- ¿Y los trescientos pesos?

- Cora se los ganó - respondí


Nos fuimos del loquero y subimos al auto en busca de un bar que no estuviera en la cercanía de la institución, por miedo a cruzarnos con algún médico.
Cuando encontramos uno lo suficientemente alejado, nos detuvimos.
En medio de un jugo y un café en jarrito, comenzamos la lectura.

La historia clínica contenía unas cincuenta páginas.
En muchas de ellas se indicaba la medicación y el estado de evolución del paciente.
Lo que a mi me importaba estaba justo en las hojas del inicio.

La patología era depresión aguda seguida de intento de suicidio.


Leerlo me provocó miles de sensaciones encontradas.Era la primera vez que sentía pena por Laura. No importaba el cómo ni el cuándo, llegar a intentar quitarse la vida hablaba de una situación que la había desbordado, que no había sabido manejar, que tal vez hubiera sido mucho más dolorosa que la que yo atravesaba.
Por un instante me invadió la culpa.De forma repentina me encontré viéndome a mi misma en un espejo que me hacía ver monstruosa,sentada en un bar regodeándome en la desgracia de una mujer que desconocía realmente, con la única intención de justificar a Manuel.¿ Y si él era un monstruo? ¿ Y si de la lectura resultaba que mi Manuel había sido el culpable de esa patología?
¿ Y si Clara estaba en lo cierto y Laura estaba loca y él sólo quería protegerme?

Seguí hojeando el legajo.
El intento de suicidio se había producido luego de algunos meses de tratamiento por depresión, según constaba en el informe anexado por su psiquiatra personal.En él, se podía leer que la causa de la patología había sido una angustia extrema por la imposibilidad de elaborar un duelo.

Volví a detenerme.Sin duda alguien había muerto en el entorno de Laura.Pensé que podría ser un hermano, un padre, o tal vez un marido que fuera amigo de Manuel.

Continué leyendo.
Esa depresión la había llevado una tarde de domingo, a un intento de suicidio cortándose las venas con la parte filosa de un alicate para uñas.Según constaba en el informe policial del que había copia, había sido encontrada por su hermana en el piso, junto a la puerta de acceso al baño.

Sentí pena, una pena teñida de vergüenza que nunca antes había sentido.Creo que Clara estaba afectada del mismo modo, porque no emitía sonido alguno.

Lo peor, lo más triste, lo que me dejó entumecida de pies a cabeza, fue lo que pude leer unas páginas más adelante y que estaba escrito por el psiquiatra que la había evaluado cuando comenzó a recuperarse.

" El cuadro de depresión aguda que condujo a la paciente al intento fallido de quitarse la vida, fue generado por un duelo no elaborado de manera apropiada frente a la interrupción de un embarazo, y por el seguido sentimiento de culpa, ya que, según manifiesta ella misma, no fue por propia voluntad que recurrió a la opción del aborto, sino inducida a hacerlo por su propia pareja ."


Clara y yo nos miramos.
¿La pareja habría sido Manuel?